Implicaciones del Capitalismo de Vigilancia
¿De qué manera el capitalismo de vigilancia ha afectado la toma de decisiones en sus vidas profesionales, políticas, educativas, culturales? ¿Consideran que afecta el desarrollo de su personalidad?
Tras discutirlo en grupo, llegamos a la conclusión de que la mayoría de veces, no somos conscientes de que estamos siendo vigilados. Por lo tanto, no llegamos a dimensionar cómo esto nos afecta en distintos ámbitos de nuestra vida. Sin embargo, al momento de reflexionar sobre el capitalismo de vigilancia, creemos que este fenómeno nos abstiene de muchas acciones, es decir, por tener miedo a las consecuencias, ya sea escrutinio social, discirminación o privación del acceso a plataformas.
En primer lugar, en relación al plano profesional, creemos que la hiperconexión y la dependencia de plataformas digitales, de cierta manera, condiciona la manera en la que creamos un networking o buscamos empleo, además del proceso de creación de una marca personal. En este orden de ideas, es importante entender que los algoritmos priorizan ciertos perfiles y contenidos, claro está, de acuerdo a las normas o creencias sociales. Entonces, lo anterior puede generar una presión por adaptarse a los formatos y estilos que dichas plataformas favorecen, limitando la autenticidad y favoreciendo la homogeneización.
Ahora bien, en relación a los ámbitos de cultura, educación y política, vemos que, el acceso a recursos digitales ha sido una ventaja, pero también una limitación: las recomendaciones algorítmicas moldean los contenidos que consumimos y muchas veces sustituyen la búsqueda crítica por el consumo inmediato. El riesgo es que las decisiones formativas se reduzcan a lo que “el sistema” nos sugiere, y no a lo que genuinamente necesitamos explorar. De la misma manera, es importante tener en cuenta que las industrias creativas están atravesadas por métricas de visualización y reproducción que determinan qué es visible y qué no. Esto condiciona nuestras decisiones de ocio, gustos musicales, lecturas o referentes artísticos, creando burbujas culturales que limitan la diversidad.
Por lo tanto, vemos como el capitalismo de vigilancia, aunque parezca invisible, sí determina la manera en la que decidimos, actuamos y hasta cómo nos percibimos a nosotros mismos. Entonces, en cuanto al desarrollo de personalidad, al nosotros estar constantemente expuesto a estas métricas de aprobación, de cierta manera, se refuerza la tendencia a moldear la identidad en función de esta validación externa. Ahora bien, es importante recalcar que en nuestro grupo, somos conscientes de este fenómeno, entonces tendemos a ser más críticos frente al problema y no dejar que nuestra personalidad se construye a partir de una capitalización del valor personal. Si bien, aún no logramos esa total autonomía, ser críticos y conscientes del problema, es el primer paso.
Revisen los Términos y Condiciones de una de las plataformas digitales que utilizan en su vida cotidiana, e identifiquen apartados y secciones que son problemáticas en relación a sus derechos de privacidad y a la propiedad de los datos.
Uno de los apartados de los Términos y Condiciones de WhatsApp plantea lo siguiente:
Tu licencia a WhatsApp. Para poder operar y proveer nuestros Servicios, otorgas a WhatsApp una licencia para todo el mundo, no exclusiva, libre de regalías y que puede sublicenciarse y transferirse para usar, reproducir, distribuir, crear obras derivadas, mostrar y ejecutar la información (incluido el contenido) que subes, presentas, almacenas, envías o recibes a través de nuestros Servicios.
Esto es problemático porque, aunque se refugia bajo el argumento de poder prestar el servicio, el usuario le está otorgando a WhatsApp una licencia mundial sobre todo lo que sube, envía o recibe. A pesar de que la aplicación no puede leer los mensajes del usuario, sí puede utilizar la información no cifrada (como foto de perfil, nombre, estado, grupos, metadatos) con mucha libertad. Adicional, el apartado expresa que WhatsApp puede autorizar a terceros a usar estos datos sin pedir permiso. Esto puede hacer que se alimenten perfiles publicitarios de Facebook/ Instagram sin que el usuario quiera, lo que hace que sus datos puedan ser fácilmente difundidos.
La parte de obras derivadas sugiere que la aplicación puede modificar o usar elementos de la información del usuario para generar otros productos o servicios. Esto implica nuevas discusiones sobre derechos de autor. Además, evoca nuevas preocupaciones: ¿Qué información del usuario ha usado WhatsApp para crear algún nuevo elemento? ¿En qué medida? ¿Cómo se ven estos nuevos elementos?
También, es importante recalcar que el apartado no especifica si la licencia termina al borrar la cuenta o al eliminar el contenido. En la práctica, si se elimina una cuenta, WhatsApp dice que borra los datos, pero jurídicamente la cláusula no establece con precisión cuándo caduca esa licencia. Esto nos hace cuestionarnos, por ejemplo, si cambiamos la foto de perfil, ¿la anterior foto sigue siendo parte de la licencia que le otorgamos a WhatsApp?
Identifiquen una situación de capitalismo de vigilancia en su vida cotidiana. Descríbanla y reflexionen sobre: ¿Qué tipo de derechos ciudadanos sienten que se han visto vulnerados en esta situación?
Cuando dialogamos sobre las formas de capitalismo de vigilancia una experiencia compartida es las insistentes llamadas y mensajes con fines comerciales. Estas comunicaciones publicitarias constantes vulneran nuestros derechos a la protección de datos personales, a la intimidad y a la tranquilidad. Además, no llegan únicamente de empresas o servicios que usamos o que tenemos suscripción. En ciertos términos y condiciones a los que accedemos las empresas establecen que van a compartir estos datos con terceros. Son condiciones a las que accedemos o somos privados del acceso a estas plataformas, tienen un carácter coercitivo. Al acceder a un servicio, como la telefonía, terminamos condenándonos a llamadas de tres o cuatro operadores más. Luego nos vemos enfrentados a incontables mensajes y llamadas diarias. Nuestra información es usada como capital de las empresas y nuestra intimidad es invadida en cualquier hora y lugar por medio de estas comunicaciones.
¿Consideran que es importante tomar consciencia del entorno de vigilancia en el mundo digital? ¿Por qué? ¿Qué tipo de “Gran hermano” les genera mayor preocupación?
Sí, definitivamente consideramos que es fundamental tomar conciencia del entorno de vigilancia en el que vivimos, pues la mayoría de nuestras actividades cotidianas dejan un rastro de datos que no siempre somos conscientes de estar entregando. Comprender este escenario nos da herramientas para ejercer una ciudadanía más crítica, responsable y menos vulnerable.
Bajo esta misma línea de análisis, es importante entender que el problema central no es únicamente la recolección de datos, sino el uso que se hace de ellos. La vigilancia digital puede afectar la libertad de pensamiento, la privacidad y hasta la autonomía personal. Si no somos conscientes de este entorno, como sociedad corremos el riesgo de neutralizarlo o crear una cultura anti-woke, moldeada por intereses económicos, comerciales, políticos e ideológicos invisibles.
Ahora bien, en relación al tipo de “Gran Hermano” que más nos preocupa, creemos que el más alarmante es el “Big Other”, que hace referencia explícita al fenómeno de capitalismo de datos. Pues si bien por medio del “Big Brother” el Estado, en muchos países, está sujeto a controles legales y a instancias de rendición de cuentas, las grandes corporaciones tecnológicas operan con una capacidad global que trasciende fronteras y, en gran medida, sin regulaciones claras. Empresas como Google, Meta o TikTok tienen acceso a información masiva y sensible, y cuentan con el poder económico y tecnológico para moldear tendencias culturales, influir en elecciones políticas y determinar qué voces se amplifican y cuáles se silencian.
¿Que tipo de acciones realizarían para ejercer y proteger sus derechos ciudadanos en un contexto de vigilancia?
Como grupo de comunicadores sociales consideramos que la primera acción que nos vemos en responsabilidad de ejercer es la alfabetización mediática. Es nuestro deber informarnos sobre las plataformas que usamos, los términos a los que accedemos y las limitaciones que podemos establecer para proteger nuestros datos e intimidad. Las plataformas son cambiantes y con ello también cambian las formas en la que vulneran nuestra información. Con la introducción de herramientas de IA, de ubicación, de censura, entre otras, está en nuestras manos el limitar los permisos que le otorgamos a las plataformas. El conocimiento nos permite cuidarnos y también cuidar a los otros. Como ciudadanos colombianos también tenemos la posibilidad de hacer uso de la plataforma Registro de Números Excluidos (RNE) fruto de la ley “Dejen de Fregar”. Esta es una plataforma en la que podemos inscribir nuestro número de teléfono para protegernos de los mensajes con fines publicitarios en aplicaciones, web, correos y llamadas. Esta es una acción por un mecanismo estatal que nos permite ejercer y proteger nuestros derechos.
