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Las Inteligencias Artificiales Generativas (IAG) son sistemas informáticos avanzados capaces de crear contenido nuevo y original —textos, imágenes, sonidos, códigos, videos o simulaciones— a partir de datos previos, utilizando modelos de aprendizaje profundo (deep learning) y redes neuronales de tipo transformer. Su rasgo distintivo es la autonomía creativa, ya que no se limitan a analizar o clasificar información, sino que producen lenguaje y conocimiento en formas análogas a las humanas.
De acuerdo con Ubal, Tambasco, Martínez y García (2023), estas inteligencias representan un hito inédito en la historia del pensamiento y la cultura humana, puesto que poseen la capacidad de “generar lenguaje natural de manera autónoma”, algo que hasta ahora era exclusivo de los seres humanos. Esto significa que las IAG pueden traducir distintos lenguajes técnicos o simbólicos (matemático, informático, visual) al lenguaje natural, interactuando con las personas mediante diálogo y adaptándose al contexto comunicativo. El artículo subraya que esta capacidad lingüística no es un simple avance tecnológico, sino un fenómeno cultural de profundas implicaciones, ya que el lenguaje y el pensamiento están estrechamente vinculados (Vigotski, 1995; Bruner, 1997; Wittgenstein, 1988). Por tanto, las IAG no solo reproducen palabras, sino que intervienen en los procesos cognitivos que históricamente han definido lo humano: el razonamiento, la imaginación y la comunicación simbólica.
En este sentido, autores como Harari (2023) afirman que la inteligencia artificial “ha pirateado el sistema operativo de la civilización humana”, pues el lenguaje —base de la cultura, la ciencia y la educación— ya no pertenece exclusivamente a los humanos. Otros pensadores, como Nicolelis (2023), advierten que esta delegación del pensamiento lingüístico a las máquinas podría alterar la autonomía cognitiva y la dignidad humana si no se regula de forma ética y pedagógica.
Las Inteligencias Artificiales Generativas están reconfigurando profundamente la comunicación humana y la interactividad digital. En el campo comunicativo, permiten un diálogo natural y continuo entre personas y sistemas tecnológicos, mediado por el lenguaje natural. Esto implica que ya no es necesario hablar el “lenguaje de las máquinas” —como el código informático—, sino que las máquinas comprenden el lenguaje humano y responden de forma coherente, empática y contextualizada. En la educación, esta interactividad abre nuevas formas de enseñanza personalizada y colaborativa, donde los estudiantes pueden conversar con un chatbot para resolver dudas, generar ideas o practicar una lengua extranjera. Sin embargo, como señala Ubal et al. (2023), si no se acompaña de reflexión crítica, existe el riesgo de que las IAG reemplacen la interacción humana significativa, debilitando la capacidad de argumentar, dialogar y construir conocimiento en comunidad. En la comunicación social y cultural, las IAG potencian la creatividad colectiva: permiten escribir artículos, producir campañas, generar obras artísticas o componer música en colaboración entre humanos y algoritmos. La frontera entre emisor y receptor se vuelve difusa, y surge un nuevo tipo de interactividad que podríamos llamar “interacción cognitiva aumentada”, donde los humanos no solo se comunican entre sí, sino también con sistemas capaces de producir sentido y lenguaje.
Ejemplos: ChatGPT (de OpenAI): genera textos, respuestas o resúmenes
DALL·E y Midjourney: crean imágenes a partir de descripciones escritas.
Suno y Udio: componen música y voces artificiales con estilo humano.
https://www.youtube.com/watch?v=r23rNosmve0
Referencias Ubal, M., Tambasco, P., Martínez, S. y García, M. (2023). El impacto de la Inteligencia Artificial en la educación. Riesgos y potencialidades de la IA en el aula. RiiTE, 15, 41–57. https://doi.org/10.6018/riite.584501
